PASAJES DE LA VIDA

Recuerdo que la última vez que nos vimos era a mediados de un verano. Era el momento en que ella vivía con intensidad, en que se sentía identificada con la naturaleza, porque no concebía el frío, porque en esas latitudes no hace nunca apenas frío. Me llegó a decir que era hija de un volcán.

Qué bonito que era estar así hasta la cercana madrugada sentados en una terraza conversando como solíamos hacerlo cada día, o tocando esa guitarra tan pequeñita y con ese sonido tan profundo, esa guitarra canaria que le llaman el timple.

Una noche en que nuestros espíritus estaban sobrados de alegría, y como obedeciendo un mandato telúrico nos lanzamos a cantar. Yo empecé con cosas de mi tierra y ella me hizo escuchar una folía, la última folía, pues yo debía embarcar enseguida.

Qué decir de esos recuerdos bonitos, por esos momentos pasados, por todo ese cúmulo de sinceridad. Si supiera cantar cosas de tu tierra, sería feliz poder dedicarte una folía, nunca la última folía, porque tu tierra es inmortal.

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10 respuestas a PASAJES DE LA VIDA

  1. olina dijo:

    Hola hijo, tardas en escribir, pero cuando lo haces, llegas al corazón, me emociono el escrito os imaginaba en esa situación, es bello lo que haces, pasa un buen fin de semana, sabes que siempre te deseo lo mejor del mundo, un abrazo

  2. Rela53 dijo:

    Qué bonito es el amor! Aquí hablas de un amor tal vez perdido, pero no olvidado.
    Saludos.

  3. May dijo:

    Q bonitooo…, con lo tímido q aparentas ser, no te imagino cantando, lo q daría por verte cantar, con “la fuente de Cacho”, te paso la letra, aunque seguro la sabes, es para q vayas preparándola, jajajaja

    Ayer te vi que subías,

    por la Alameda Primera,

    luciendo la saya blanca,

    y el pañueluco de seda.

    Dime dónde vas morena,

    dime dónde vas salada,

    dime dónde vas morena,

    a las dos de la mañana.

    Voy a la fuente de Cacho,

    a beber un vaso de agua,

    que me han dicho que es muy buena,

    beberla por la mañana.

    Dime dónde vas morena,

    dime dónde vas salada,

    dime dónde vas morena,

    a las dos de la mañana.

    Voy al jardín de Valencia,

    a decirle al jardinero,

    que me dé una rosa blanca,

    que en mi jardín no las tengo,

    Dime dónde vas morena,

    dime dónde vas salada,

    dime dónde vas morena,

    a las dos de la mañana.

    Bsts y un abrazo.

  4. Tere dijo:

    Hola Rubén!!!Que bellas palabras y que lindo hacernos partícipe de esta linda historia. Te dejo un abrazo junto a esta preciosa canción de mí…..Tú tierra.
    http://il.youtube.com/watch?v=aP-hUGknwrE&feature=related
    Que tengas un bello día y no dejes de ser feliz.

  5. rosalia dijo:

    Amigo Rubén. Me ha gustado ese relato tan dulce, enamoradizo y encantador. Es bonito que una experiencia tan bella, la expongas para el deleite de tus amig@s.
    Gracias por estar ahí.
    Besossssss

  6. Francheska dijo:

    Estas tú muy enganchao con Canarias!!!… Bueno Rubén que tu barco te lleve de nuevo a esas tierras que amas tanto!! Me gusto leerte de nuevo!! un beso.

  7. La decision de Bella dijo:

    A orillas del Duero
    Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.
    Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,
    buscando los recodos de sombra, lentamente.
    A trechos me paraba para enjugar mi frente
    y dar algún respiro al pecho jadeante;
    o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante
    y hacia la mano diestra vencido y apoyado
    en un bastón, a guisa de pastoril cayado,
    trepaba por los cerros que habitan las rapaces
    aves de altura, hollando las hierbas montaraces
    de fuerte olor ?romero, tomillo, salvia, espliego?.
    Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.
    Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
    cruzaba solitario el puro azul del cielo.
    Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo,
    y una redonda loma cual recamado escudo,
    y cárdenos alcores sobre la parda tierra
    ?harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra?,
    las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero
    para formar la corva ballesta de un arquero
    en torno a Soria. ?Soria es una barbacana,
    hacia Aragón, que tiene la torre castellana?.
    Veía el horizonte cerrado por colinas
    oscuras, coronadas de robles y de encinas;
    desnudos peñascales, algún humilde prado
    donde el merino pace y el toro, arrodillado
    sobre la hierba, rumia; las márgenes de río
    lucir sus verdes álamos al claro sol de estío,
    y, silenciosamente, lejanos pasajeros,
    ¡tan diminutos! ?carros, jinetes y arrieros?,
    cruzar el largo puente, y bajo las arcadas
    de piedra ensombrecerse las aguas plateadas
    del Duero.
    El Duero cruza el corazón de roble
    de Iberia y de Castilla.
    ¡Oh, tierra triste y noble,
    la de los altos llanos y yermos y roquedas,
    de campos sin arados, regatos ni arboledas;
    decrépitas ciudades, caminos sin mesones,
    y atónitos palurdos sin danzas ni canciones
    que aún van, abandonando el mortecino hogar,
    como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!
    Castilla miserable, ayer dominadora,
    envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.
    ¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada
    recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?
    Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
    cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
    ¿Pasó? Sobre sus campos aún el fantasma yerta
    de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra.
    La madre en otro tiempo fecunda en capitanes,
    madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.
    Castilla no es aquella tan generosa un día,
    cuando Myo Cid Rodrigo el de Vivar volvía,
    ufano de su nueva fortuna, y su opulencia,
    a regalar a Alfonso los huertos de Valencia;
    o que, tras la aventura que acreditó sus bríos,
    pedía la conquista de los inmensos ríos
    indianos a la corte, la madre de soldados,
    guerreros y adalides que han de tornar, cargados
    de plata y oro, a España, en regios galeones,
    para la presa cuervos, para la lid leones.
    Filósofos nutridos de sopa de convento
    contemplan impasibles el amplio firmamento;
    y si les llega en sueños, como un rumor distante,
    clamor de mercaderes de muelles de Levante,
    no acudirán siquiera a preguntar ¿qué pasa?
    Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa.
    Castilla miserable, ayer dominadora,
    envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora.
    El sol va declinando. De la ciudad lejana
    me llega un armonioso tañido de campana
    ?ya irán a su rosario las enlutadas viejas?.
    De entre las peñas salen dos lindas comadrejas;
    me miran y se alejan, huyendo, y aparecen
    de nuevo, ¡tan curiosas!… Los campos se obscurecen.
    Hacia el camino blanco está el mesón abierto
    al campo ensombrecido y al pedregal desierto.

    Autor, Antonio Machado.

    FELIZ SEMANA. AMIGO.

  8. May dijo:

    Un saludo mi querido amigo navegante, echa el ancla ya q no se te ve el pelo niño 😉
    Espero q estés muy bien.
    Bsts y un abrazo con cariño desde tu tierra natal.

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